¿Qué tal las notas? Ha llegado ese maravilloso momento del año en el que los padres, ansiosos por ver el crecimiento de sus pequeños, se plantean si la inversión que han realizado en ellos ha dado sus frutos.
Y cuando digo frutos me refiero únicamente a lo que ellos pueden medir y comprobar. No preguntan por lo que has aprendido, ni por qué ideas has echado abajo este curso, ni si te sientes cada vez más encaminado, esa realidad no les interesa. Les interesan los títulos que puedan hacerte entrar en un trabajo, que puedan ayudarte a vivir "cómodamente", sin si quiera plantearse lo que debería ser una vida "cómoda".
Y se sienten orgullosos o avergonzados de cómo sus retoños avanzan, seguros, por la senda de la sabiduría, sin darse cuenta que la sabiduría, la capacidad para el esfuerzo o la habilidad para enfrentarse no son cosas que aparezcan por arte de magia cuando se adquiere un título.
Bueno padres y madres, asuman la realidad, sus hijos no van a ser menos desgraciados que ustedes por tener un título. Es más, tal y cómo se plantea el tema de las carreras profesionales en este país (en el que el que deja un trabajo es mirado mal por el resto del mundo) tener un título puede ser una de las mejores formas de atar a todas aquellas mentes que no se atrevan a decir basta a un trabajo que en un principio no les gusta y que probablemente acaben odiando.
El que se atreva a cambiar de camino estará asi tirando toda la inversión que sus padres "hicieron"(en demasiados casos "se empecinaron en hacer") en él, en que consiguiera a toda costa esa famosa "vida cómoda".
Y digo yo, dado que independientemente de los títulos(de la "vida cómoda") hay gente feliz e infeliz, no sería mucho más inteligente plantearse que el objetivo no debería ser una vida cómoda sino una vida feliz?
Y cuando digo frutos me refiero únicamente a lo que ellos pueden medir y comprobar. No preguntan por lo que has aprendido, ni por qué ideas has echado abajo este curso, ni si te sientes cada vez más encaminado, esa realidad no les interesa. Les interesan los títulos que puedan hacerte entrar en un trabajo, que puedan ayudarte a vivir "cómodamente", sin si quiera plantearse lo que debería ser una vida "cómoda".
Y se sienten orgullosos o avergonzados de cómo sus retoños avanzan, seguros, por la senda de la sabiduría, sin darse cuenta que la sabiduría, la capacidad para el esfuerzo o la habilidad para enfrentarse no son cosas que aparezcan por arte de magia cuando se adquiere un título.
Bueno padres y madres, asuman la realidad, sus hijos no van a ser menos desgraciados que ustedes por tener un título. Es más, tal y cómo se plantea el tema de las carreras profesionales en este país (en el que el que deja un trabajo es mirado mal por el resto del mundo) tener un título puede ser una de las mejores formas de atar a todas aquellas mentes que no se atrevan a decir basta a un trabajo que en un principio no les gusta y que probablemente acaben odiando.
El que se atreva a cambiar de camino estará asi tirando toda la inversión que sus padres "hicieron"(en demasiados casos "se empecinaron en hacer") en él, en que consiguiera a toda costa esa famosa "vida cómoda".
Y digo yo, dado que independientemente de los títulos(de la "vida cómoda") hay gente feliz e infeliz, no sería mucho más inteligente plantearse que el objetivo no debería ser una vida cómoda sino una vida feliz?