junio 15, 2011

¿Qué tal las notas? Ha llegado ese maravilloso momento del año en el que los padres, ansiosos por ver el crecimiento de sus pequeños, se plantean si la inversión que han realizado en ellos ha dado sus frutos.

Y cuando digo frutos me refiero únicamente a lo que ellos pueden medir y comprobar. No preguntan por lo que has aprendido, ni por qué ideas has echado abajo este curso, ni si te sientes cada vez más encaminado, esa realidad no les interesa. Les interesan los títulos que puedan hacerte entrar en un trabajo, que puedan ayudarte a vivir "cómodamente", sin si quiera plantearse lo que debería ser una vida "cómoda".

Y se sienten orgullosos o avergonzados de cómo sus retoños avanzan, seguros, por la senda de la sabiduría, sin darse cuenta que la sabiduría, la capacidad para el esfuerzo o la habilidad para enfrentarse no son cosas que aparezcan por arte de magia cuando se adquiere un título.

Bueno padres y madres, asuman la realidad, sus hijos no van a ser menos desgraciados que ustedes por tener un título. Es más, tal y cómo se plantea el tema de las carreras profesionales en este país (en el que el que deja un trabajo es mirado mal por el resto del mundo) tener un título puede ser una de las mejores formas de atar a todas aquellas mentes que no se atrevan a decir basta a un trabajo que en un principio no les gusta y que probablemente acaben odiando.

El que se atreva a cambiar de camino estará asi tirando toda la inversión que sus padres "hicieron"(en demasiados casos "se empecinaron en hacer") en él, en que consiguiera a toda costa esa famosa "vida cómoda".


Y digo yo, dado que independientemente de los títulos(de la "vida cómoda") hay gente feliz e infeliz, no sería mucho más inteligente plantearse que el objetivo no debería ser una vida cómoda sino una vida feliz?

junio 14, 2011

Hoy he elegido escribir sobre la falta de elección. Sobre lo cómodo que es suponer que todo lo que hacemos tiene una causa y por lo tanto un destino.
Siempre he creido esto. No es que crea que el destino existe tal y cómo los griegos lo pensaban, ni que cada persona esté predestinada a ciertos actos, pero si que creo que todo tiene una causa. Si que creo que todo lo que ha pasado ha ocurrido poerque era el ciclo natural que debían seguir las cosas.
Creo que al mismo tiempo que nada puede escapar de las reglas de la física en este universo, cada decisión tomada por cada humano de este planeta ha sido condicionada por toda la experiencia que este ha recibido.
Esto, me guste o no, implica un destino. Un destino variable al igual que predecible. A la vez que predigo mi destino lo vario...
Es por lo tanto mi responsabilidad predecir mi destino y variarlo, no quedarme de brazos cruzados ya que todo está decidido. Mi destino es elegir mi propio destino.
Esta entrada no es mi primera entrada.
Hace tiempo que tengo tentaciones de escribir, pero siempre acabo olvidando...
En cualquier caso, para cuando vuelvo a decidir verter algo aqui, el último sentimiento expuesto, el último pensamiento vomitado, es simplemente basura que sólo consigue recordarme cosas que no quiero.
Asi que lo destruyo. Simplemente lo borro, y cada vez tengo más claro que es un error. Un error que me hace cometer nuevos errores, y por lo tanto el peor error.
De forma que escribo esto con la intención de no volver a borrarlo.
De tener un diario donde siempre pueda acudir con la simple idea de revisar mis fallos asumirlos, y no volver a cometerlos.

Pero mañana desaparecerá...